TESTIMONIOS DE FUTBOLISTAS
El chileno Marcelo Salas, jugador del River Plate, recurre frecuentemente a su director espiritual que está en su país, aunque a veces viene a visitarlo a Italia, donde reside actualmente. «Creo que es muy importante tener un director espiritual que te ayude a estar bien con Dios. Creo mucho en la oración; antes de dormir, rezo. Digamos que me encanta hablar con Dios. No importa tener una casa hermosa o poseer riquezas materiales. Éstas son cosas pasajeras. Lo importante es tener fe en Dios para construir algo bello», afirma.
Javier Zanetti, del Inter de Milán, parece realmente enamorado de Dios: «Estar cerca de Jesús significa ser una persona feliz. Soy muy creyente, experimento su existencia y su amor. Cada segundo siento a Dios presente en mi vida. Quisiera enseñar a los jóvenes la belleza de creer en Dios y la importancia de asumir la propia responsabilidad».
Kovacic, ex jugador croata de la Real Sociedad, decidió dejar el fútbol para dedicarse a Dios más intensamente, junto con su esposa. «He decidido dar un vuelco a mi vida. En mi escala de valores, Dios está en primer puesto, y en el segundo la familia. El estilo de vida de los jugadores está muy lejos de esta escala de valores, así que he dicho basta. En el Brescia ganaba mucho dinero, pero no estaba sereno. No me interesaba ni el sueldo, ni los coches, ni las bellas mujeres. Son cosas efímeras, pasajeras. He encontrado una felicidad más grande que la que podía darme el fútbol».
En Brasil no sólo se encuentra una de las mejores canteras del mundo, sino también los jugadores más creyentes. Precisamente en este país ha nacido la asociación de cristianos evangélicos «Atletas de Cristo», que no ocultan su pasión por Dios. El delantero del Milán, Kaká, lleva escrito en las lengüetas de sus zapatillas «Dios es fiel». A esta entidad pertenecen algunos futbolistas que juegan en España. «Intento dar mi testimonio aunque mis compañeros son reacios a la fe», afirma Marco Antonio Senna, del Villarreal. «Una vez, un fisioterapeuta me dijo que su único Dios eran su mujer y su hija y que si tuviera un problema a ellas recurriría». Le agradece a Dios el haberle concedido el sueño de jugar en España. «Mi familia era creyente, pero yo no hasta hace un año y medio, cuando un colega del San Caetano de Brasil me invitó a un grupo de oración y me gustó. Dios es mi prioridad, me da fuerza para vivir», dice con una mano en el corazón. Aunque asiste a los grupos de oración tres días por semana, considera que es poco y que «me gustaría ir más». Hace poco sufrió una lesión que lo mantuvo apartado del terreno de juego: «Pienso que es un tiempo del Señor. Sé que estoy aquí por algo, que tengo una misión que cumplir. Muchos de los jugadores cuando salimos beben, fuman, pero yo creo que Dios es la única verdad. La puerta de los cristianos es estrecha, creer en Dios es fácil pero vivir la Palabra correcta es difícil», reflexiona.
«Cristo nunca abandona». El argentino Leonel Pipa Gancedo, jugador del Murcia, narra que se convirtió en el 94 gracias a un compañero que tuvo un accidente y quedó paralítico. «Yo creía en Dios a mi manera, hasta que él me habló sobre su fe. Empecé a escuchar la palabra de Dios y se me cayeron las vendas de los ojos. Entonces aparté mi intelecto y comprendí que necesitaba un Salvador», recuerda. Ahora hace reuniones todos los miércoles en su casa para leer lo que él llama el «manual de instrucciones del hombre», la Biblia. «Dios es lo primero para mí, me da sabiduría en cada momento», asegura. «Antes me preguntaba: entre tantas religiones ¿quién tiene la verdad? Y encontré en Jesús la Verdad y la Vida».
Diego Mateo, del Racing del Santander y evangélico, asegura que «con Cristo todo se puede, estoy seguro de que sin él no podría conseguir nada. Para mí es lo más importante, es mi amigo fiel que siempre está, en las buenas y en las malas, el que me ama a pesar de mis miserias, el que me da fortaleza para vivir, es todo», asevera rotundo. «Siempre trato de hacerme algún momento para rezar, para leer la Biblia o algún libro religioso. Intento que estas cosas, especialmente orar, ocupen un espacio fundamental en mi vida, aunque a veces me cueste. Antes pedía por ganar o marcar un gol, ahora no, creo que sería egoísta por mi parte, así que pido que se haga su voluntad, que seguramente será lo mejor. Quiero ser cada día mejor cristiano. Si hago algún bien, sé que es poco, podría hacer mucho más. Hay veces que me falta confianza en Dios, pero es nada más que por mi falta de fe porque siempre me termina demostrando que está a mi lado y que nunca me abandona», afirma.
"Soy Kaká, en este momento no puedo responderte. Deja un mensaje después de la señal. Que Dios te bendiga".
El mensaje que suena en el teléfono móvil del delantero brasileño del Milan es el fiel reflejo de la vida que sigue. Evangélico convencido, Kaká es el icono de los Atletas de Cristo. Un movimiento cristiano al que están vinculados cerca de 7.500 deportistas profesionales.
"Durante los Mundiales, leemos juntos la Biblia, oramos y algunos hasta vamos juntos a la reuinión o culto", confiesa Alex Dias Ribeiro, el impulsor de este movimiento creado a mediados de los 80. Dias Ribeiro, ex corredor de fórmula 1, es el pastor de la selección de Brasil, a la que acompaña en cada Copa del Mundo desde 1990.
Son muchos los internacionales de la que dedican su vida a la palabra de Dios. A su fe inquebrantable en Jesucristo. Y aprovechan el revuelo mediático de su deporte para dar a conocer sus ideales religiosos al mundo entero.
La camiseta que mostró Kaká tras conseguir la Champions en mayo, en la que se leía -Yo pertenezco a Jesús-, o el -Jesús te ama- de Edmílson con la Copa del Mundo en 2002, son dos ejemplos de un movimiento que se expande. En Suramérica existen de los Atletas de Cristo originarios de Brasil en Argentina, Paraguay y Bolivia. Y en Europa se consolida en Portugal.
Jugadores como Edmílson y Sylvinho (Barça), Cicinho (Real Madrid), Lucio (Bayern Múnich) y Cris (Olympique de Lyón) forman parte de un movimiento que también contó, en el pasado, con Bebeto y Taffarel, entre otros.
"Un Atleta de Cristo debe aprovechar las oportunidades para dar testimonio de su fe en Jesús", recalca Edmílson.
Los Atletas de Cristo deben seguir varios principios: lealtad a Jesús, vivir dignamente para agradar a Dios, participar en la edificación espiritual de otros atletas, dar buen ejemplo, respetar a compañeros y rivales, luchar con fuerza pero sin emplear la violencia...
Y es que la fe no sólo mueve montañas. Ahora, y cada vez más, también mueve el balón.
José Roberto da Silva Junior, más conocido como Zé Roberto y quien actualmente juega de mediocampista en Bayern Munich habló sobre la importancia de la fe en su vida “Antes yo no tenía la paz que tengo en mi casa hoy, teníamos muchos problemas en mi casa, mi padre siempre venía del trabajo bebido y se peleaba con mi madre y nosotros éramos pequeños, siempre tenía miedo y ahora noto la diferencia de tener un Dios en casa y no tenerlo, antes no teníamos a Dios en la familia cuidando de nosotros, hoy si lo tenemos porque yo tengo a Dios en mi corazón y mi mujer también, y eso es la cosa más importante que podremos enseñar a nuestro hijo y también para su futuro” indicó.
Ze Roberto, ¿qué significado tiene para usted la Iglesia? Como edificación ningún significado, pero como el sitio en el cual entro en contacto con el mensaje del Señor uno muy importante. Yo profeso la confesión evangélica y considero los textos de la Biblia como el principal alimento para mi espíritu, de ellos recibo la motivación para vivir y convertirme día a día en una mejor persona.
¿Fue siempre así? Sí y no. Mi madre fue la encargada de inculcarnos ese amor, con ella fuimos cada semana todos los miembros de mi familia a la iglesia en Brasil pero la verdad fue aquí, en Alemania, donde esa relación con Dios adquirió en mi vida la importancia que hoy tiene.
¿Por qué en Alemania? Cuando llegamos aquí por primera vez el choque fue duro, nuestra vida se llenó de dificultades y problemas que son normales para quienes vienen de afuera: el frío, el idioma, la soledad. Yo estaba muy triste, no deprimido pero tampoco lejos de estarlo, nuestra adaptación resultó ser más difícil de lo que esperábamos; mucha gente en la situación en la que en aquel entonces nos encontrábamos mi esposa y yo se refugia en el alcohol o las drogas. Yo tuve la fortuna y el buen juicio de acordarme de mi madre, de lo que me había enseñado, y lo que hicimos fue acercarnos a la iglesia más cercana a nuestra casa, allí nos presentamos y desde entonces es nuestra vida mucho más bella, agradable, con mucho más sentido. Esa decisión sanó nuestra tristeza.
¿En la iglesia lo recibieron con los brazos abiertos? Sí, aunque muchos miembros estaban sorprendidos, un poco recelosos también porque yo era ya un futbolista conocido, que a su juicio lo tenía todo para ser feliz, alguien que no necesita urgentemente el apoyo de la fe.
¿Cómo logro convencerlos de lo contrario? Citando el Evangelio según San Mateo, Capítulo 16, versículo 26: “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo y perder su alma? ¿Qué recompensa tendrá el hombre por su alma?”.
¿Existen otros futbolistas que han tenido que afrontar algo similar? No sólo futbolistas, hay mucha gente que se encuentra en situaciones parecidas. Yo he hablado al respecto con Sebastián Deisler, Roque Santa Cruz y Paolo Guerrero, todos ellos estuvieron conmigo en la iglesia para darse una mejor idea de lo que ella significa.
En el Bayern Munich hay jugadores de diversas creencias, ¿se discute al interior del club el tema de la religión? No, nuestra fe no es tema de discusión en el camerino o en los entrenamientos. Cada uno de nosotros profesa un gran respeto por el otro, la religión hace parte de nuestra intimidad, nadie está en el equipo para evangelizar a los compañeros a pesar de que para algunos de nosotros tampoco es un secreto que creencia tenemos.
¿El fútbol y la fe son dos temas absolutamente separados? Si, aunque yo a veces firmo mis autógrafos con mi nombre y abajo añado “mi fuerza es Jesús”.
Como se sabe Zé Roberto debutó en 1994 en el club Po rtuguesa, donde estuvo hasta el año 1997 cuando fue transferido al Real Madrid, donde estuvo por un corto período, regresando a Brasil al club Flamengo en 1998.
Ese mismo año fue transferido al Bayer Leverkusen, club en el que permaneció hasta el 2002 cuando pasó a formar parte del Bayern, donde demostró sus talentos como volante zurdo. Sin embargo, en 2006 renunció al equipo y criticó su estilo de juego, prediciendo problemas a futuro si no se realizaban cambios urgentes en éste.
Zé Roberto jugó desde junio de 2006 hasta fines de mayo de 2007 en el Santos de Brasil, club con el que consiguió el Campeonato Paulista de ese año. Recientemente fue vuelto a contratar por el Bayer de Munich y desde donde abrió su corazón para DW-WORLD y dar el testimonio de su vida.
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